La Comisión de la Verdad, a través del especial «La Verdad desde la Salud», busca reconocer los impactos del conflicto armado interno en las víctimas y sus resistencias, así como promover el reconocimiento de responsabilidades individuales y colectivas. Este es el primer paso para que, como sociedad, comprendamos y superemos nuestra historia de violencia y así evitemos que se siga repitiendo.
La salud ha estado bajo fuego durante décadas. La guerra ha afectado profundamente la vida de la ciudadanía y la organización del sistema de salud y del trabajo en este sector. Sin embargo, en medio de los enfrentamientos armados, la sociedad civil y muchos trabajadores y trabajadoras han cuidado la vida.
El encuentro #LaVerdadDesdeLaSalud reconoce los graves impactos del conflicto armado interno en la salud de las poblaciones, el personal de salud, y los hombres y mujeres que cuidaron de la vida en las comunidades y en los territorios. La Comisión de la Verdad tiene en cuenta las afectaciones a la democracia y la negación del derecho a la salud y otros derechos, así como a la salud mental y física de poblaciones violentadas; la violación de los derechos humanos de las personas trabajadoras de la salud y que quedaron en medio del fuego cruzado entre grupos armados legales e ilegales, así como la estigmatización por acusaciones de colaborar con algún bando; las afectaciones a los procesos colectivos y a la salud rural y la violencia ejercida contra sabedores y sabedoras ancestrales y la medicina tradicional.

IMPACTOS DEL CONFLICTO EN LA SALUD Y EN LA DEMOCRACIA

El conflicto armado impactó en muchos aspectos de la salud de los habitantes y la democracia. Uno de estos fue el impacto en el derecho a la salud, a través del desvío de recursos públicos de la salud para la compra de votos, lavado de activos, uso de cargos de los hospitales y fortalecimiento de grupos armados. Esto impidió que los dineros destinados para la salud se invirtieran en hospitales, equipos y personal médico, negándoles a muchas personas su derecho a la salud.
La negación del derecho a la salud de las poblaciones, al atentar contra la Misión Médica (promotoras rurales de salud, psicólogos, enfermeras, odontólogos, conductores de ambulancias, entre otros), impactó también el derecho al trabajo y otros derechos en el caso del personal de salud.

Esta es la historia de Raúl

En un puesto de salud, Raúl atiende a más de 500 familias en un lugar lejano del Magdalena Medio. Es el único encargado de la salud para su comunidad. Él es lo más cercano a la presencia del Estado en esta comunidad olvidada por las instituciones.
Cuando empiezan los enfrentamientos en el pueblo, se hace cada vez más peligroso para Raúl velar por la salud de sus pacientes. Los combates impiden a las comunidades llegar al puesto de salud que está en medio de las balas y a Raúl salir a realizar misiones médicas.
Familias enteras no pueden acceder a los servicios de salud. Mujeres que deben dar a luz, personas con necesidades de tratamientos urgentes y niños que necesitan vacunas quedan desamparadas en medio de enfrentamientos.
Sin un lugar donde atender, amenazado y sin medicamentos para hacer su trabajo, Raúl no puede velar por la vida de los heridos en combate. Lo poco que sobrevivió a los ataques se lo llevaron los grupos armados.
A Raúl lo acusan de ser informante. Deja el puesto de salud abandonado por amenazas contra su vida. La guerra le impide ejercer su profesión y le quita a la comunidad su única oportunidad de acceder a la salud.
Para que la historia de Raúl no se repita, es importante esclarecer la verdad sobre la violencia contra las personas trabajadoras de la salud.

Mapa de Infracciones a la Misión Médica

(Entre 1958 y 2019)

En el marco del conflicto las personas que trabajan en salud han conformado diferentes organizaciones gremiales (como ASMEDAS) y sindicales para luchar tanto por sus propios derechos como trabajadores como por el derecho a la salud de la población colombiana. En esta lucha, algunos de ellos pusieron en riesgo su propia vida. Esta es la historia de 32 médicos capturados en el marco del Estatuto de Seguridad, quienes fueron declarados presos de conciencia, o de personas como Héctor Abad Gómez, y de manera reciente la historia de María Victoria Jiménez, líder sindical de ANTHOC.

Violencia sociopolítica contra trabajadores y trabajadoras de la salud en Colombia

IMPACTOS DEL CONFLICTO ARMADO EN LA SALUD DE POBLACIONES VIOLENTADAS

Además de afectar a los trabajadores de la salud y a la democracia en general, el conflicto armado ha incidido directamente en la salud de las comunidades. Esta es la historia de Álvaro Velásquez.
Así como Álvaro Velásquez, la mayoría de las más de nueve millones de víctimas en Colombia han visto afectada su salud física, mental y emocional en uno o varios momentos de su vida.

¿Qué marcas puede dejar el conflicto en la salud de las personas víctimas?

La Verdad desde la Salud
El artículo 11 de la Ley 1751 de 2017 establece que el Estado desarrollará el programa de atención especial y salud integral a las víctimas, reiterando la salud como derecho fundamental para todos los colombianos y colombianas.
El Acuerdo de Paz firmado entre el Estado colombiano y las FARC-EP contempla el derecho a la salud de la población rural en el marco de la Reforma Rural Integral.
¿Cómo se ha garantizado o no la reparación en términos de salud y compromiso de la atención en salud por parte del Estado hacia las víctimas? Solo una tercera parte de las víctimas ha tenido atención a salud.
María Cristina Cobo nació en Castillo, Meta. Se graduó como enfermera de la Universidad de los Llanos en 2002 y prestó su servicio social obligatorio, también conocido como rural, en Calamar, Guaviare.
Su madre, Paulina Mahecha, la recuerda como una hija cariñosa y como una profesional dedicada a las comunidades más vulnerables, para quienes organizaba brigadas de salud.
Después de su desaparición forzada, María Cristina fue acusada de ser colaboradora de la guerrilla, como mecanismo para legitimar la acción violenta.
El 19 de abril de 2004, un grupo paramilitar detuvo el medio de transporte en el que María Cristina se desplazaba hacia Calamar. Fue retenida, torturada, agredida sexualmente, asesinada y desaparecida.
El asesinato y desaparición de María Cristina hace parte de una serie de casos perpetuados contra los trabajadores de la salud, quienes han sido estigmatizados por ejercer su profesión.
También muestra cómo en el sector salud la violencia contra las mujeres tomó formas particulares, como la violencia sexual.
El hospital de Calamar ahora lleva su nombre: María Cristina Cobo Mahecha.

Las mujeres han sufrido el impacto de la guerra de forma diferenciada. Una razón más para que hablemos sobre La Verdad desde la Salud.

Las mujeres negras, por ejemplo, han sufrido los impactos del conflicto armado en la partería ancestral, viendo afectada su salud individual y colectiva.
Los entornos saludables hacen parte del derecho a la salud. La afectación de los ríos y otros recursos naturales a causa del conflicto armado ha incidido negativamente en la salud de las y los colombianos.
La Verdad desde la Salud
La Verdad desde la Salud

IMPACTOS DEL CONFLICTO EN SALUD RURAL

El campo colombiano ha sido gravemente afectado por el conflicto; también lo ha sido la salud rural.
La Verdad desde la Salud

¿Quiénes son las y los trabajadores de la salud rural?

La Verdad desde la Salud
Las enfermeras y enfermeros rurales, en su mayoría mujeres, tienen un lugar central en las comunidades dado que han aportado en la construcción de las mismas. Pero durante el conflicto armado las y los promotores rurales también han sufrido diferentes violaciones de los derechos humanos.
Carlos* trabajaba en una parroquia en Putumayo. Con este ingreso logró formarse como enfermero auxiliar profesional.
Por más de cinco años, él y un médico llamado Luis* viajaron en chalupa a hacer su trabajo con las comunidades, navegando río abajo y trasladando a personas enfermas de adentro de la montaña para remitirlas a otros hospitales y así salvarles la vida.
Cuando los paramilitares llegaron a su territorio, la situación se puso muy difícil. La población vivía en medio del fuego cruzado entre ellos y la guerrilla.
Un día, Carlos y Luis fueron retenidos por un frente de las FARC. Tuvieron que hacer un trayecto a pie durante varios días para atender a heridos en combate.
El médico, que ya era mayor, se cansó y se sentó al lado de un árbol; decidió no seguir caminando.
Carlos fue obligado a pasar la noche al lado del cuerpo sin vida de su compañero.
El enfermero tuvo que salir de la zona, desplazado. Decidió no volver a ejercer su profesión.
El sector salud en el campo colombiano ha sufrido fuertes impactos del conflicto armado.
A sabedores y sabedoras de las prácticas de salud no occidentales también se les han vulnerado sus derechos, lo que se ha traducido en daños individuales con impactos colectivos.
Los Jiw son un pueblo indígena que habita las riberas del río Guaviare, entre los departamentos de Meta y Guaviare. Además de haber sido declarados en riesgo de extinción, han sido víctimas del conflicto armado desde los años cincuenta.
A los 14 años, Abelardo se inició como aprendiz. Su papá le dio el espíritu para aprender a trabajar con el yopo y para aprender a rezar. Le enseñó las plantas que sirven para curar.
Abelardo recuerda que la última vez que sintió la fuerza del espíritu de su padre fue en 2002, cuando la guerrilla del frente 44 de las FARC se ensañó contra la comunidad del resguardo Barranco Colorado.
A las siete de la noche llegó un miembro de la comunidad a su casa con la noticia de que se habían llevado al promotor de salud. Cuando estaban tomando tinto, sonaron dos tiros. Al promotor lo mataron esa noche.
A las tres de la mañana, Abelardo se levantó, tomó tinto y empezó a rezar. Se pintó todo el cuerpo y se preparó para enfrentar a la guerrilla. Recogieron el cuerpo del promotor y lo enterraron.
Abelardo sintió la presencia del espíritu del finado; llegó a meterse al cuerpo, pero ya era tarde. Ese día Abelardo le habló duro a la guerrilla. No tenía miedo; ya se había rezado a sí mismo y a su familia.
Ese día se salvaron porque venían por otras personas, pero los trataron mal, los acusaron de sapos, de lenguas largas. Los amenazaron.
La siguiente semana, al menos 27 familias salieron desplazadas hacia otros resguardos, y hasta allá las persiguieron. Se dispersaron por San José, Puerto Concordia y Mapiripán, donde Abelardo se radicó con su familia.
Lejos de la selva, ya no pudo volver a rezar ni tuvo matas para curar. Tampoco pudo hacer dieta.
En esa correría, un día llegó a su casa una mujer recién alentada. Al cruzarse en su camino, Abelardo sintió que se le llevó el espíritu; perdió la fuerza. Aunque se está curando, por ahora no puede usar las plantas ni tomar yopo, porque sin la fuerza del espíritu, lo puede matar.

¿QUÉ NO DEBE REPETIRSE NUNCA MÁS?

En términos de recomendaciones de no repetición tres aspectos son centrales: lograr el trabajo decente y seguro para los trabajadores de la salud en el territorio, la garantía del derecho universal a la salud de las poblaciones y la implementación de medidas efectivas de reparación en salud para las personas víctimas.
Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. 2020